- Medio kilo de sardinillas
- Tres o cuatro dientes de ajos
- Una hoja de laurel
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal
- Vinagre de vino, seis cucharadas soperas
- Agua, tres cucharadas soperas
Limpiamos muy bien las sardinillas quitándoles la tripa, escamas y cabeza. Las lavamos, dejamos que escurran y las sazonamos.
En una sartén o cazuela de barro ponemos el aceite, cubriendo bien el fondo. Colocamos las sardinillas y entre estas ponemos los ajos pelados partidos por la mitad y la hoja de laurel troceada. Mezclamos el vinagre con el agua y añadimos a las sardinillas.
Ponemos el recipiente en el fuego, dejamos que cueza a fuego suave y cuando haya consumido el líquido y se quede sólo en el aceite apagamos.